Día de muertos: Una celebración a la vida


La muerte no es misterio temible. Tú y yo la conocemos bien. No tiene secretos que pueda conservar para turbar el sueño del hombre bueno. No apartes tu cara de la muerte. No temas que te prive de la respiración. No le temas, no es tu amo, que se abalance sobre ti, más y más veloz. No es tu amo, sino el servidor de tu Hacedor, de lo que o quien creó la muerte y te creó y es el único misterio. El libro de los enunciados

En la tradición, desde el último día de octubre se comenzaban a poner las ofrendas a los niños. Se colocaba todo aquello que podía gustarles: juguetes que la gente de la comunidad hacía, figuras de ajolote, de hojas y de madera de los árboles de la región; atole, dulces o leche hechos en casa; jícaras, maíz, calabazas, chayotes y chilacayotes.  Dependiendo de la región, algunos llevaban miel de colmena y todo lo que se daba en los huertos de la comunidad. También se colocaba hinojo, velas y veladoras sobre manteles de fibras naturales o tapetes y textiles bordados a mano.

Las veladoras se encendían para que las ánimas reconocieran el lugar en donde eran esperadas. En los cántaros de barro se vertía agua para calmar su sed; se hacían alfeñiques, que, en árabe, significa “agridulce”, y figuras de los difuntos hechos con elote tierno endulzado con miel y que se moldeaba en la forma de la persona, y que eran adornados con semillas.  En el altar se ponía miel de colmena, pulque, aguamiel, gorditas de elote adornadas con semilla de calabaza, rosetones y cempasúchil,  que originalmente se le llamó flor de Cempoala, y que además es conocida como la flor de los trescientos pétalos.  Más adelante, se tiraban cuetes, que ayudaban al ánima a encontrar el camino por donde bajar.

En la Tienda del MAP quisimos exaltar la riqueza artesanal de México honrando principalmente dos tradiciones: la de los tzompantlis prehispánicos --altares de en donde los cráneos sangrientas de los sacrificados eran expuestas a la vista pública con el fin de honrar a los dioses-- con más de 25 cráneos de diferentes regiones y realizados con diferentes materiales como madera, cera, barro y cartón y, también, a la tradición tapetera de Tlaxcala, cuyas grecas de aserrín pintado son una ancestral tradición de veneración. También elegimos piezas que veneran la celebración del Día de Muertos en zonas específicas del país, como El toro que es el  candelabro tradicionalmente usado en las ofrendas en las comunidades tzotziles, en Chiapas y la catrina de cartonería, que fue realizada por Osvaldo Ruelas, multi-premiado cartonero salmantino cuyo detalle profuso produce el efecto de pieza de barro. El papel picado, que en la ofrenda representa el aire  en donde las almas se encuentran, según la tradición azteca. Además, hay quienes creen que el papel picado tiene una representación en cada color; la parte litúrgica, morado;  la naranja, el sol;  el blanco, a los niños;  el negro,  al inframundo.

Uno de nuestros cráneos wixarika, fue colocado porque  según la tradición huichol es a través de los colores brillantes, formas y figuras, que se abre un nierika, un portal de comunicación entre los dioses y las personas.

Nuestros cántaros de barro, de Puebla, realizados en la tradición alfarera de la región sirven para contener el agua que nuestros difuntos habrán de beber tras el cansado camino que realizaron.

Te invitamos a conocer y adquirir algunas de las piezas que este año seleccionamos para nuestra ofrenda. Pasa a visitar nuestra tienda en línea.

 

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